Más matrimonios, más crecimiento económico (no al revés)

30 January 2016

Es frecuente oír el discurso de que la crisis económica lleva consigo la disminución de matrimonios. En un interesante artículo, Roberto Volpi, experto en estadística y demografía, invierte los términos de esa argumentación: es más bien la decadencia de la nupcialidad la que frena el crecimiento económico. Aunque la descripción y los datos de su análisis se refieren a la realidad italiana, las consecuencias son aplicables también en otros países.

Volpi se remonta a los años sesenta, en período de auge económico, cuando en Italia todos se casaban en edades jóvenes: las mujeres (en torno a los 24-25 años) y los hombres (28), en pleno vigor físico, de capacidades inventivas, creativas y reproductivas. “Se ha generalizado la idea de que el boom de los matrimonios no fue sino una consecuencia casi automática del boom económico. Se trata de un error de interpretación bastante común que se propone continuamente: el nivel de los matrimonios –la tasa de nupcialidad– como consecuencia de la más o menos alta o baja coyuntura económica”.

Hoy, con un número de matrimonios muchísimo menor que hace 50 años y una economía todavía titubeante, deberíamos comprender que sucede exactamente lo contrario: “son los matrimonios los que hacen subir la economía más de lo que hace la economía respecto a los matrimonios. Es más, la economía, el pib, no logran arrancar en Italia precisamente porque falta el remolque de los matrimonios, que han bajado a un nivel insostenible para una población que pretenda ser vital”.

Respecto a la media europea, ya de por sí baja, Italia está por debajo en 60-70 mil matrimonios al año. “Pero si no se hace familia, y particularmente si no se funda la familia sobre el matrimonio, la economía, el pib no pueden que padecer, también en tiempos favorables a la recuperación. El matrimonio, el crear una familia, es todavía hoy el multiplicador más eficaz de los esfuerzos, de la inventiva, de las capacidades individuales; de las ganas (y de la necesidad) de riesgo y de empresa. Es también un multiplicador de consumos, fuertemente diferenciados y de calidad”.

En cambio en Italia, como muestra el demógrafo con algunos datos estadísticos, la construcción de viviendas continúa disminuyendo a pesar de la ligera recuperación económica, porque el descenso de matrimonios ha continuado, llegando al mínimo en 2014 y 2015: “quitad los matrimonios y el nuestro es un país sin nervio, sin gasolina para correr. Y en efecto no corre”.

Actualmente, “el matrimonio llega, cuando llega, en la vida de las personas, solo después de que todos los objetivos se han alcanzado y están a buen recaudo”. Es una institución de la que en la actualidad se prescinde tranquilamente porque al fin y al cabo “basta el amor”. Concluye la reflexión señalando cómo, si no se da la deseable reacción ante esta realidad negativa, no cabe sino la resignación ante el retroceso económico, a pesar de los modestos indicios de recuperación.

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Fuente del artículo en Il Foglio

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