Matteo, gravemente discapacitado: dejadnos la libertad de seguir siendo nosotros mismos

28 February 2017

Ha causado mucho revuelo mediático en Italia la reciente muerte en Suiza de Fabiano Antoniani (Dj Fabo, 39 años), que como consecuencia de un accidente en 2014 quedó ciego y tetrapléjico. Su drama ha sido instrumentalizado ideológicamente para promover la legitimidad del suicidio asistido y, en última instancia, de la eutanasia.

Un joven de 19 años llamado Matteo, con una gravísima invalidez, intentó disuadir a Dj Fabo en una entrevista al diario Avvenire, de la que traducimos algunos pasajes. Matteo pesa 25 Kg, no habla –sólo puede rozar un “teclado”–, no camina, no puede hacer nada por sí solo, a causa de una asfixia en su nacimiento, y escribe: “Nosotros podemos pensar y el pensamiento cambia el mundo”.

Hasta los 6 años, cuando logró pasar los dedos por una tabla de madera señalando las letras, Matteo no logró comunicar con los demás: desde ese día se puso de manifiesto que detrás de ese presunto “vegetal” había una aguda ironía.

Se presenta seguro de sí mismo: “Me llamo Matteo Nassigh, tengo 19 años y soy uno que piensa”. “Tengo demasiadas cosas importantes que decir y miedo de que no me dé tiempo”. Afirma haber querido él la entrevista, diciendo a la periodista: “la he buscado cuando he leído la petición de dj Fabo, el hombre que desea la eutanasia después de que un accidente lo ha dejado tetrapléjico y ciego. Quiero responderle porque yo conozco bien el cansancio de vivir en un cuerpo que no te obedece en nada. Quiero decirle que nosotros, personas llamadas discapacitadas, somos portadores de mensajes muy importantes para los demás, nosotros llevamos una luz. También yo a veces he pensado que quería morir, porque a menudo los demás no nos tratan como personas que piensan sino como seres inútiles”. “Es verdad que nosotros dos no podemos hacer nada solos, pero podemos pensar y el pensamiento cambia el mundo. Fabo, nosotros somos el cambio que el mundo pide para evolucionar”.

El embarazo había ido bien hasta el final, pero durante el parto llegó la asfixia por una negligencia de los médicos (después reconocida e indemnizada por el hospital). Se le daba por muerto (“pero yo soy uno testarudo”, interrumpe la mano de Matteo), y sobrevivió. “Después de varios intentos, cuando tenía 6 años aprendí rápidamente a leer y escribir porque tenía muchas cosas que decir y estaba harto de no poder expresarme”. “En cuanto pude comunicar, la primera cosa que dije a mi madre fue que dejara ya de vestirme de aquel modo. Iba siempre de gris y yo quería el amarillo, el naranja”.

El problema de Dj Fabo y de muchos que piensa como él, comenta, es que “ven la discapacidad como la ausencia de algo, y en cambio es una presencia diversa”. En definitiva, los discapacitados no son personas que deben llegar a ser lo más iguales que puedan a los demás: “cambiad vuestra mirada y dejadnos la libertad de seguir siendo nosotros mismos, y entonces nosotros seremos tan libres como vosotros…”. Y continúa: “si las personas se miden por lo que hacen, es obvio que uno como yo o Dj Fabo solo quiere morir. Pero si las personas fueran entendidas por lo que son, todo cambiaría. Nos veis como falta de libertad, pero nosotros somos libertad, si se nos permite ser diversos”.

Y recuerda el aforismo de Einstein: “Cada uno es un genio, pero si se juzga un pez por la habilidad de subirse por los árboles, pasará toda la vida creyéndose un estúpido”. Lo que hace la diferencia, explica Matteo, es el amor: “Ahora Fabo, que ha pasado de una vida superactiva a otra que diría opuesta, ve sólo el dolor, por tanto está claro que quiere desaparecer. Si tuviese en torno a él todo el amor que yo tengo, no caería en la trampa de medirse por la perfección física, sino por su alma intacta”. Es cuestión de categorías: “Si usas las de los radicales, nosotros somos unos pobrecillos, si en cambio descubres categorías que consideren la libertad de ser distintos, nosotros somos la máxima expresión de la libertad”.

A Matteo le gusta la asignatura de filosofía: este año termina el instituto con buenas notas y hará la selectividad. Cuando cumplió la mayoría de edad, quiso fundar una asociación Para el cuidado de quien cuida, con el fin de ayudar a discapacitados: “ustedes tienen urgente necesidad de cambiar la mirada con que nos miran”. “Si vamos a un restaurante, ¿te parece posible que el camarero pregunte a mi madre qué quiero pedir? Da por descontado que si estoy en una silla de ruedas, no estoy en mis cabales. Pero yo la cuenta la pago como todos”.

No está enfadado con los médicos que lo hicieron nacer así, no está enfadado con nadie: “mi espíritu ha elegido un cuerpo así de limitado precisamente para demostrar que los límites están sólo en nuestra cabeza: considero esto mi misión. Si mis padres no hubieran sido capaces de mirar más allá, no me habrían salvado del silencio y hoy todavía sería considerado un vegetal sin alma. En cambio cada uno de nosotros es un prodigio de belleza y yo lo demuestro cada día viviendo. Rezar me ayuda mucho y mi relación con Dios es constante”.

Tiene sólo un terror: a tantos que hoy pretenden medir la “dignidad” de las vidas de los demás. “Lo digo claramente, no me matéis nunca. Siempre temo que un día llegue uno y diga 'suprimamos a los discapacitados que no hablan'… si sucediese yo me encontraría en una situación poco agradable”.

Su pasión es el rugby, el deporte que practica su hermano Iacopo, de 14 años: “Es una metáfora de la vida, en el rugby la regla es pasar la pelota hacia atrás, si la pasas hacia delante es falta, y esto te obliga a mirar siempre a quien está detrás de ti”.

Fuente de la noticia: diario Avvenire

Tags: ,