Potestad delegada

Es la potestad de régimen que se concede a la persona por sí misma, no en razón de un oficio. La delegación es un acto jurídico por el que el titular de un oficio eclesiástico con potestad de régimen, transmite a una persona concreta la capacidad de realizar algunas funciones eclesiásticas de gobierno con eficacia jurídica. En términos generales, sólo es delegable la potestad ejecutiva ordinaria. El delegado puede subdelegar la potestad recibida en algunos casos.

Aunque el delegado ejerce la potestad del delegante, no se trata de una representación, pues actúa en nombre propio y sus actos le son plenamente imputables.

La delegación puede ser singular o especial, cuando se confiere para un acto concreto; y universal o general, cuando se otorga para un número indeterminado de casos de una misma especie.

El medio por el que se transfiere la potestad al delegado se llama mandato, y contiene las características y condiciones de la delegación. La carga de probar la delegación recae sobre quien afirma ser delegado, por lo que suele formalizarse por escrito.

La potestad delegada se extingue: una vez cumplido el mandato; transcurrido el plazo o agotado el número de casos para los que fue concedida; al haber cesado la causa final de la delegación; por revocación del delegante intimada directamente al delegado, y también por renuncia del delegado presentada al delegante y aceptada por éste; pero no se extingue por haber cesado la potestad del delegante, a no ser que conste así en las cláusulas del mandato.

Fuentes: CIC cc. 131, 137, 138, 142

Voces relacionadas: FACULTADES HABITUALES, POTESTAD DE RÉGIMEN, POTESTAD DELEGADA, POTESTAD EJECUTIVA, POTESTAD JUDICIAL, POTESTAD LEGISLATIVA, POTESTAD ORDINARIA, POTESTAD PROPIA, POTESTAD VICARIA