Pérdida del estado clerical

La ordenación sagrada, una vez recibida válidamente, nunca se anula; es un sacramento que imprime carácter indeleble. Sin embargo, un clérigo pierde el estado clerical:

1) por sentencia judicial o decreto administrativo, en los que se declare la invalidez de la sagrada ordenación;
2) por la pena de dimisión legítimamente impuesta;
3) por rescripto de la Sede Apostólica, que solamente se concede a los diáconos cuando existen causas graves, y a los presbíteros por causas gravísimas.

Salvo que se haya declarado la invalidez de la ordenación, la pérdida del estado clerical no lleva consigo la dispensa de la obligación del celibato, que únicamente concede el Romano Pontífice.

El clérigo que pierde el estado clerical, pierde con él los derechos propios de ese estado, y deja de estar sujeto a las obligaciones del mismo, salvo el celibato, que requiere la dispensa. Se le prohíbe ejercer la potestad de orden, salvo la absolución en peligro de muerte, y queda privado de todos los oficios, funciones y de cualquier potestad delegada.

El clérigo que ha perdido el estado clerical no puede ser adscrito de nuevo entre los clérigos, si no es por rescripto de la Sede Apostólica.

Fuentes: CIC cc. 290-293, 976; Carta Congr. del Clero (18-IV-2009); Normas sustanciales (21-V-2010)

Voces relacionadas: CELIBATO, CLÉRIGO, DIMISIÓN DEL ESTADO CLERICAL, IRREGULARIDAD, ORDEN (SACRAMENTO)

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