Persona jurídica

En el derecho canónico, persona jurídica es un ente de carácter colectivo o patrimonial, con una finalidad acorde con la misión de la Iglesia, capaz de ser reconocido por el derecho como sujeto de situaciones jurídicas, y titular de derechos y obligaciones congruentes con su propia índole. Los fines corresponden a obras de piedad, apostolado, o caridad, tanto espiritual como temporal.

Se constituyen personas jurídicas por prescripción del derecho, o por especial concesión de la autoridad competente dada mediante decreto. Esta concesión sólo se otorga a entidades que persigan un fin verdaderamente útil y que, ponderadas todas las circunstancias, dispongan de medios suficientes para alcanzar ese fin. Los estatutos han de ser aprobados por la autoridad competente. Las personas jurídicas intervienen a través de representantes, que son los órganos de gobierno que tengan por derecho o por estatutos.

Toda persona jurídica es, por naturaleza, perpetua; sin embargo, se puede extinguir por supresión de la autoridad, cesación de su actividad por espacio de cien años, y en el caso de la persona jurídica privada cuando lo prevean sus estatutos. Cabe también que sean objeto de fusión, desmembración o división.

Las personas jurídicas pueden ser:

a) corporaciones (universitates personarum), que se constituyen con al menos tres personas y pueden ser colegiales, cuando su actividad –no todas las actuaciones– es determinada por los miembros, o no colegiales, en el caso contrario. Entre las primeras, por ejemplo, el cabildo de la catedral, y entre las segundas, las diócesis y parroquias;
b) fundaciones (universitates rerum), formadas por unos bienes o cosas, espirituales o materiales, destinados a un fin por voluntad fundacional. En las fundaciones autónomas dirigen la fundación una o varias personas físicas, o un colegio. El conjunto de bienes sin personalidad jurídica propia integrado en una corporación se considera fundación no autónoma.

Se distingue también entre:

a) personas jurídicas públicas, que cumplen la propia función en nombre de la Iglesia, mirando el bien público, son constituidas por la autoridad eclesiástica competente y sus bienes son eclesiásticos; algunos ejemplos: diócesis, parroquias, cofradías, asociaciones clericales, etc.;
b) las personas jurídicas privadas, que son creadas por iniciativa de los fieles, actúan bajo la responsabilidad y gobierno de sus miembros, y sus bienes no son eclesiásticos; un ejemplo son las asociaciones privadas de fieles a las que la autoridad concede personalidad.

Fuentes: CIC cc. 113-123, 301, 1257, 1303

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