Depósito de la fe

Es el tesoro de la Revelación contenido en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que fue confiado por Dios a su Iglesia para que, con la asistencia del Espíritu Santo, lo conserve y lo transmita y anuncie a los hombres, como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta.

El depósito se caracteriza por la inmutabilidad del dogma y el desarrollo homogéneo de la doctrina de la fe. La Revelación alcanzó su plenitud en Cristo y quedó completa en el período apostólico. La expresión doctrinal de esa plenitud puede configurarse de manera diversa a lo largo de la historia, a medida que se profundiza en su riqueza infinita, y la asistencia del Espíritu Santo garantiza que ese depósito vivo permanezca idéntico a sí mismo.

El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo.

Se ha de creer con fe divina y católica todo aquello que se contiene en el único depósito de la fe encomendado a la Iglesia, propuesto como revelado por Dios, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia, ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la común adhesión de los fieles bajo la guía del sagrado magisterio; por tanto, hay obligación de evitar cualquier doctrina contraria.

Fuentes: Const. Ap. Dei Verbum n. 10; Catecismo de la Iglesia Católica n. 84 y 86; CIC cc. 747, 750

Voces relacionadas: APOSTASÍA, CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, DOCTRINA DEFINITIVA, HEREJÍA, MAGISTERIO AUTÉNTICO, MAGISTERIO DE LA IGLESIA, PROFESIÓN DE FE, TRADICIÓN DE LA IGLESIA

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