Confesión sacramental

El sacramento de la penitencia o confesión es aquel en el que los fieles que manifiestan sus pecados a un sacerdote, con el debido arrepentimiento y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el ministro, y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia.

Al administrar este sacramento, el sacerdote ha de poseer las debidas licencias, atenerse fielmente al magisterio de la Iglesia y a las normas de la autoridad, y respetar el sigilo sacramental.

La confesión individual e íntegra –que incluye al menos todos los pecados mortales no confesados que se pueden recordar– y la absolución del sacerdote, constituyen el único modo ordinario de recibir este sacramento. Sólo la imposibilidad física o moral excusa de esa confesión, en cuyo caso la reconciliación se puede tener también por otros medios.

Todo fiel que haya llegado al uso de razón está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año.

No se deben oír confesiones fuera del confesonario si no es por justa causa. Tanto el penitente como el sacerdote tienen derecho a usar el confesonario con rejilla, salvo caso de necesidad y justa causa.

Fuentes: CIC cc. 959-991; Carta Apost. Misericordia Dei (7-IV-2002)

Voces relacionadas: ABSOLUCIÓN COLECTIVA, ABSOLUCIÓN DE CENSURAS, CONFESONARIO, FACULTAD DE OIR CONFESIONES, PECADO, SACRAMENTO, SIGILO SACRAMENTAL, SUB CONDICIONE

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