Eucaristía

Es el sacramento en el que se contiene, se ofrece y se recibe al mismo Cristo Nuestro Señor, por el que la Iglesia vive y crece continuamente. El Sacrificio eucarístico, memorial de la muerte y resurrección del Señor, en el cual se perpetúa a lo largo de los siglos el Sacrificio de la cruz, es el culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana, por el que se significa y realiza la unidad del pueblo de Dios y se lleva a término la edificación del Cuerpo de Cristo. Con este sacramento se concluye la iniciación cristiana.

El ministro es el sacerdote válidamente ordenado capaz de celebrar la Eucaristía; debe preparar con diligencia todo lo necesario y vestir los ornamentos sagrados previstos por las rúbricas. Conviene que celebre la Misa frecuentemente y se recomienda encarecidamente hacerlo diariamente. El sacerdote puede recibir una ofrenda para aplicar la Misa por una determinada intención, llamada estipendio.

Los fieles han de tributar la máxima veneración a la Eucaristía, tomando parte activa en la celebración de la Santa Misa, recibiendo este sacramento frecuentemente y con mucha devoción, y dando a la Eucaristía culto con suma adoración.

Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre...”.

Los pastores han de animar al culto de la Eucaristía fuera de la Misa, en particular mediante la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración.

Fuentes: CIC cc. 897-958; Catecismo de la Iglesia Católica n. 1407, 1412; Enc. Ecclesia de Eucharistia (17-IV-2003)

Voces relacionadas: ALTAR, COMUNIÓN EUCARÍSTICA, IGLESIA (LUGAR), LITURGIA, MISA, SACRAMENTO, SAGRARIO

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