Ministro de los sacramentos

Nadie puede conferirse a sí mismo la gracia, que debe ser dada y ofrecida, lo que supone que haya ministros de la gracia, autorizados y habilitados por Cristo, de quien los obispos y los presbíteros reciben la misión y la facultad (el “poder sagrado”) de actuar in persona Christi Capitis.

El ministro de los sacramentos es un ministro ordenado, salvo en el matrimonio y en el bautismo en algunos casos excepcionales. Se requiere por eso el sacerdocio ministerial y además el poder concedido por la Iglesia para cada sacramento (en los mencionados casos excepcionales de los cónyuges y del laico que bautiza, el poder viene del bautismo).

El obispo es el único ministro de la ordenación en sus tres grados (para la consagración episcopal se requiere el mandato pontificio); y de la confirmación, aunque puede delegar en algunos presbíteros para administrarla como ministros extraordinarios. El presbítero es el único ministro válido de la Eucaristía, de la absolución sacramental de los pecados –con las licencias de la autoridad–, y de la unción de enfermos. Son ministros ordinarios del bautismo el sacerdote y el diácono, y cualquier fiel –incluso no cristiano– en caso de necesidad, si lo administra con la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Los cónyuges son los ministros del matrimonio.

La fe y santidad del ministro no son necesarias para la validez del sacramento, que tiene eficacia ex opere operato, pues la gracia que se transmite es de Cristo. Pero la celebración del sacramento en estado de pecado, sin acceder a la confesión y sin previo arrepentimiento, es una herida grave al sacramento, pues se rechaza la comunión que este supone

Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos, y el derecho no les prohíba recibirlos; han de procurar también que quienes piden los sacramentos se preparen para recibirlos con la debida instrucción.

El derecho regula también cuándo los ministros católicos puede administrar los sacramentos de la penitencia, eucaristía y unción de enfermos a cristianos no católicos (communicatio in sacris).

Fuentes: CIC cc. 843-844; Catecismo de la Iglesia Católica nn. 875, 1120

Voces relacionadas: COMMUNICATIO IN SACRIS, MINISTRO DE LA COMUNIÓN, SACRAMENTO

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