Vasos sagrados

Son vasos sagrados aquellos en que se pone el Cuerpo o la Sangre del Señor. Por ser sagrados se emplean sólo con esa finalidad.

Han de ser bendecidos por el obispo o por un sacerdote según los ritos previstos; si se bendicen fuera de la Misa, puede hacerlo también un diácono.

La patena es un plato sobre el que se coloca el pan para ser consagrado durante la Santa Misa; el cáliz es una copa en la que se pone el vino que se ha de consagrar: no está permitido emplear otros vasos o jarras, ni verter la Sangre de Cristo de uno a otro, y al menos por dentro debe ser de un material que no absorba líquidos; la píxide es el recipiente (por ejemplo, un copón o caja) en que se guarda el pan consagrado para la comunión o la adoración de los fieles; la teca es la caja en la que ponen pocas partículas del Cuerpo de Cristo para la comunión de enfermos o fuera de la Misa; y la custodia es el vaso sagrado en el que se expone la Eucaristía para la adoración de los fieles, que puede tener una base o pie, y un espacio de cristal rodeado de metal –el viril– para que sea visible el Cuerpo de Cristo.

Los vasos deben tener la dignidad necesaria para el culto sagrado, ser decentes y de metal noble o, a juicio de la conferencia episcopal, de otros materiales sólidos que se consideren nobles en cada lugar. La Iglesia reprueba las costumbres que llevan a usar para la celebración de la Misa vasos comunes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente.

Además de la purificación que corresponde a algunos vasos sagrados al final de la Misa, todos deben estar limpios y bien conservados.

Fuentes: Const. Ap. Sacrosanctum Concilium n. 122-123; CIC cc. 939, 941, 1220 §2; Institutio Generalis Missalis Romani (2002); Instr. Redemptionis Sacramentum (2004) 117-120

Voces relacionadas: COMUNIÓN EUCARÍSTICA, MISA, LITURGIA