Consentimiento matrimonial

Es el acto de la voluntad por el que el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio. El consentimiento legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles produce el matrimonio.

Es necesario que los contrayentes no ignoren, al menos, que el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual.

El consentimiento debe ser acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo, en el que no haya engaño acerca de una cualidad del otro contrayente que pueda perturbar gravemente la vida conyugal.

Son incapaces de dar el consentimiento matrimonial quienes carecen de suficiente uso de razón; quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio; quienes no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica.

El consentimiento, aunque no fuera eficiente porque haya algún impedimento o defecto de forma, se reconoce existente si no consta su revocación, por lo que, desaparecido el impedimento o subsanada la forma, no sería necesario volver a prestarlo.

Fuentes: CIC cc. 1057, 1095-1107

Voces relacionadas: CONVALIDACIÓN, FINES DEL MATRIMONIO, IMPEDIMENTOS, INCAPACIDAD DE CONTRAER MATRIMONIO, MATRIMONIO, NULIDAD DEL MATRIMONIO, PROPIEDADES ESENCIALES, SANACIÓN EN LA RAÍZ

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