Indisolubilidad del matrimonio

Junto con la unidad, la indisolubilidad es una de las propiedades esenciales de todo matrimonio, que alcanza una particular firmeza en el matrimonio cristiano –entre bautizados– por razón del sacramento. La indisolubilidad significa que, por la propia naturaleza de la unión matrimonial, los cónyuges quedan vinculados entre sí mientras los dos vivan.

San Juan Pablo II enseña que la indisolubilidad de un matrimonio rato y consumado entre bautizados es “doctrina que definitivamente se ha de mantener”.

Si uno o ambos contrayentes excluyen conscientemente la indisolubilidad con un acto positivo de la voluntad, contraen inválidamente.

Como el consentimiento da origen a una unidad completa, que incluye el futuro, la ruptura del vínculo es contraria a la propia naturaleza del matrimonio: sólo la misma naturaleza puede romperlo con la muerte.

El mismo Jesucristo lo afirmó, después de considerar la permisiva legislación mosaica, motivada por costumbres reprochables de la época, indicando el designio originario de Dios: “Luego ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). La realidad del vínculo conyugal no depende ya de la libre disponibilidad de los hombres.

La mención de Cristo a una posible excepción “salvo en caso de concubinato” (Mt 19, 9), se ha interpretado en la Iglesia latina en referencia al vínculo que nace de una unión ilegítima, que por tanto no es verdadero matrimonio.

Fuentes: Concilio de Trento, sesión XXIV c. 7; Ex. Ap. Familiaris Consortio n. 11; CIC cc. 1056, 1099, 1101, 1125, 1134; Catecismo de la Iglesia Católica n. 2364; Discursos a la Rota Romana 2000 a 2002

Voces relacionadas: BONUM SACRAMENTI, MATRIMONIO, NULIDAD DEL MATRIMONIO, PROPIEDADES ESENCIALES, FINES DEL MATRIMONIO

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