Propiedades esenciales del matrimonio

Las propiedades esenciales de todo matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento. Del matrimonio válido, por su misma naturaleza, se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo.

Estas propiedades pertenecen a la naturaleza del matrimonio, de modo que sin ellas no se puede dar. Se encuentran en la verdad sobre el matrimonio recibida de la Sagrada Escritura y la Tradición, han sido definidas como doctrina de fe en el Concilio de Trento y enseñadas constantemente por el Magisterio posterior, y se pueden comprender por la recta razón.

La unidad significa que el vínculo conyugal sólo puede ser único, de una mujer con un varón, y mientras permanezca ese vínculo no puede haber otros ni a la vez ni sucesivamente, porque en su origen está la mutua entrega y aceptación totales de los cónyuges, que no puede darse si se reservan el derecho de entregarse a otros. En consecuencia, esta propiedad comporta la monogamia y la fidelidad.

En esa misma entrega total se basa la indisolubilidad: por la propia naturaleza de la unión matrimonial, los cónyuges quedan vinculados entre sí mientras los dos vivan; son una sola carne, y la ruptura del vínculo se opone a la esencia del matrimonio.

Fuentes: Const. Ap. Gaudium et spes n. 48; CIC cc. 1056. 1134; Catecismo de la Iglesia Católica n. 2364

Voces relacionadas: BONUM FIDEI, BONUM PROLIS, BONUM SACRAMENTI, CONSENTIMIENTO, FINES, INDISOLUBILIDAD, MATRIMONIO, SACRAMENTALIDAD

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