Bien eclesiástico

La Iglesia tiene el derecho natural de adquirir, poseer, administrar y enajenar los bienes temporales que necesita para sus fines, en especial el culto divino, las obras de apostolado y caridad, y el sustento del clero. Se consideran bienes eclesiásticos los bienes que pertenecen a la Iglesia universal, a la Sede Apostólica y a las personas jurídicas públicas de la Iglesia. Por tanto, la calificación de eclesiástico depende del sujeto jurídico al que pertenece, y no de la finalidad para la que sirve.

El Romano Pontífice, en virtud de su primado de régimen, es el administrador y distribuidor supremo de todos los bienes eclesiásticos. Los eclesiásticos no son personalmente propietarios, sino solo administradores de estos bienes, misión que deben realizar con la diligencia de un buen padre de familia y determinadas obligaciones (inventario de los bienes, rendición de cuentas, separación entre los bienes eclesiásticos y los propios del administrador, etc.).

Para actos de administración de especial importancia, la autoridad necesita el parecer o el consentimiento de órganos consultivos, como el ecónomo o el consejo de asuntos económicos en la diócesis. Para la enajenación se requiere una licencia ad validitatem de la autoridad competente.

La Congregación para el Clero se ocupa de todo lo que corresponde a la Santa Sede referente al ordenamiento de los bienes eclesiásticos, y especialmente a la recta administración de dichos bienes; concede las necesarias aprobaciones o reconocimientos; además, procura que se provea al sustentamiento y a la seguridad social de los clérigos.

Fuentes: CIC cc. 1254-1298; Const. Apost. Pastor Bonus, art. 98; PCITL, La funzione dell’autorità ecclesiastica sui beni ecclesiastici (12-II-2004)

Voces relacionadas: CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, CONSEJO DIOCESANO DE ASUNTOS ECONÓMICOS, ECÓNOMO, PERSONA JURÍDICA