Carisma

Los carismas son gracias especiales que el Espíritu Santo distribuye entre los fieles, para darles la capacidad de ejercer diversas obras que sirvan a la renovación y mayor edificación de la Iglesia. Pueden ser carismas extraordinarios, o más comunes y difundidos. El discernimiento de su autenticidad y ejercicio razonable pertenece a la autoridad de la Iglesia.

En general, carisma hace referencia a un don o regalo. En la historia de la Iglesia la noción ha evolucionado según los usos. En el Concilio Vaticano II, algunos entendían por carismas los dones extraordinarios y milagrosos concedidos ocasionalmente por Dios, con el objeto de manifestar su presencia y su poder; otros los veían como dones relacionados con la gracia, concedidos frecuentemente por Dios para la edificación de la Iglesia; esta segunda acepción, reflejada en la definición que damos arriba, es la que prevaleció.

Los carismas pertenecen a la vida y la misión de la Iglesia, pero también a su estructura, pues concretan y complementan el aspecto sacramental (por el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal) mediante la configuración de las posiciones de los fieles en la Iglesia (laicos, ministros sagrados, miembros de la vida consagrada).

Se suele distinguir entre carismas institucionales y carismas personales, aunque son aspectos que se entrelazan, pues una persona puede recibir un carisma para dar inicio a una institución dentro de la Iglesia.

Fuentes: Const. Apost. Lumen Gentium n. 12; Decr. Apostolicam Actuositatem n. 3 §4; Catecismo de la Iglesia Católica n. 799-801.

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