Prescripción

Es un modo de adquirir o perder un derecho, o de liberarse de obligaciones, por el transcurso del tiempo en determinadas condiciones: que se trate de materias sobre las que no se haya excluido la prescripción; que se haya dado posesión continuada mediante título idóneo; transcurso del tiempo determinado por la ley; buena fe.

La Iglesia se remite en esta materia a la legislación civil, en cuanto no sea contraria al derecho divino, ni se disponga otra cosa en el derecho canónico. Habrá que estar también en cada caso a los concordatos o acuerdos internacionales.

En el derecho canónico, ninguna prescripción tiene validez si no se funda en la buena fe, al comienzo y durante el tiempo requerido para la misma, salvo lo establecido en particular para la acción criminal.

No están sujetos a prescripción algunos derechos y obligaciones:

l) los que son de ley divina natural o positiva;
2) los que sólo pueden obtenerse por privilegio apostólico;
3) los que se refieren directamente a la vida espiritual de los fieles;
4) los límites ciertos e indudables de las circunscripciones eclesiásticas;
5) los estipendios y cargas de Misas;
6) la provisión de un oficio eclesiástico que, por derecho, requiere el ejercicio del orden sagrado;
7) el derecho de visita y el deber de obediencia, cuya prescripción haría que los fieles no pudieran ya ser visitados por ninguna autoridad eclesiástica, ni quedar sometidos a autoridad alguna.

En cuanto a los bienes inmuebles, los bienes muebles preciosos y los derechos y acciones –tanto personales como reales– que pertenecen a la Sede Apostólica, prescriben en el plazo de cien años; los pertenecientes a otra persona jurídica pública eclesiástica, en el plazo de treinta años. También se establecen algunas condiciones sobre la prescripción de las cosas sagradas, que son las destinadas al culto por dedicación o bendición.

Fuentes: CIC cc. 197-199, 1268-1270, 1362