Sínodo diocesano

Es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que se reúne cuando el obispo –después de oír al consejo presbiteral– decide que las circunstancias aconsejan convocarlo.

La finalidad general del sínodo es prestar una ayuda al obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad. El sínodo realiza una función consultiva, y no es un organismo permanente.

El obispo convoca el sínodo, aprueba el reglamento y preside la asamblea, aunque puede delegar esta función en el vicario general o en un vicario episcopal. Si llega la sede vacante, se suspende el sínodo hasta que el nuevo obispo tome posesión y decida si se continúa o se concluye.

Han de ser convocados como miembros sinodales y tienen el deber de participar: el obispo coadjutor y los obispos auxiliares; los vicarios generales, vicarios episcopales y el vicario judicial; los canónigos de la iglesia catedral; los miembros del consejo presbiteral; fieles laicos y miembros de institutos de vida consagrada, a elección del consejo pastoral o del modo que determine el obispo; el rector del seminario mayor diocesano; los arciprestes; al menos un presbítero de cada arciprestazgo; algunos superiores de institutos religiosos y de sociedades de vida apostólica que tengan casa en la diócesis. El obispo puede invitar, como observadores, a algunos ministros o miembros de Iglesias o de Comunidades eclesiales que no estén en comunión plena con la Iglesia católica.

Las cuestiones se someten a la libre discusión de los miembros en las sesiones, pero el obispo es el único legislador y los demás miembros sinodales tienen sólo voto consultivo.

Las declaraciones y decretos del sínodo pueden publicarse sólo en virtud de la autoridad del obispo, que las suscribe.

Fuentes: Decr. Christus Dominus n. 36; CIC cc. 460-468; Instr. sobre los sínodos diocesanos (19-III-1997); Directorio Apostolorum Successores (2004) n. 166-174

Voces relacionadas: COLEGIALIDAD, DIÓCESIS