Renuncia al oficio

Es una de las modalidades por las que se pierde un oficio eclesiástico. Las otras son: transcurso del tiempo, cumplimiento de la edad determinada, traslado, remoción, o privación.

El titular de un oficio eclesiástico que se haya en su sano juicio puede renunciar al mismo, con causa justa y proporcionada. Si no tiene capacidad de discernir y decidir, se emplea otro instrumento como la remoción.

Es nula, en virtud del derecho, la renuncia hecha por miedo grave injustamente provocado, dolo, error substancial o simonía.

Para que valga la renuncia, con independencia de que se requiera o no la aceptación, ha de presentarse, por escrito o de palabra y ante dos testigos, a la autoridad a quien corresponde conferir el oficio de que se trate. Si la renuncia necesita aceptación, se ha de producir en el plazo de tres meses; la que no necesita aceptación produce su efecto mediante la notificación del renunciante.

Mientras la renuncia no haya producido efecto, puede ser revocada por el renunciante; una vez que lo ha producido, no puede revocarse, pero quien renunció puede conseguir el oficio por otro título.

Como en todos los casos de pérdida de un oficio, cuando ha sido efectiva, debe notificarse cuanto antes a quienes compete algún derecho en la provisión del oficio.

Puede conferirse el título de “emérito” a aquel que ha cesado en un oficio por haber cumplido la edad o por renuncia aceptada.

Fuentes: CIC cc. 184-185, 187-189

Voces relacionadas: OFICIO, PRIVACIÓN DEL OFICIO, PÉRDIDA DEL OFICIO, REMOCIÓN DEL OFICIO, RENUNCIA DEL PAPA