Nuevas disposiciones acerca del lavatorio de los pies en la Liturgia del Jueves Santo

22 January 2016

Mediante una carta del 20 de diciembre de 2014 publicada ayer, el Papa Francisco ha dispuesto que desde ahora las personas escogidas para el lavatorio de los pies en la liturgia del Jueves Santo pertenezcan a todo el Pueblo de Dios, sin necesidad de que sean solamente hombres o muchachos.

Para llevar a cabo la decisión del Papa, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha emanado un decreto sobre este rito, con fecha 6 de enero.

La nueva norma comporta una modificación en la correspondiente rúbrica del Misal Romano, que establecía: «los hombres elegidos son acompañados por los ministros…», que se sustituye por «los elegidos entre el pueblo de Dios son acompañados por los ministros…».

Junto a la carta del Papa y el decreto de la Congregación, este dicasterio ha publicado un comentario firmado por el Secretario, Mons. Roche, en el que recuerda el doble valor que reviste el rito del lavatorio de los pies (la traducción de las citas del comentario es nuestra): “imitativo de lo que hizo Jesús en el Cenáculo lavando los pies a los apóstoles y expresivo del don de sí significado por este gesto servil”. A continuación proporciona algunos datos sobre la evolución del rito en la historia, entre los que menciona cómo en el Misal Romano de san Pío V (1570), el Caeremoniale Episcoporum de 1600 y la reforma de Pío XII, hasta llegar al Misal Romano de 1970, que simplifica algunos elementos –por ejemplo, omite el número de doce–, “sin embargo permanecía la reserva sólo a los hombres para el valor imitativo”.

El cambio aprobado ahora lleva a que se escojan personas de entre todos los miembros del pueblo de Dios. El valor ya no se remite “tanto a la imitación exterior de lo que Jesús ha hecho, cuanto al significado de lo que ha llevado a cabo con alcance universal, es decir el donarse “hasta el final” para la salvación del género humano, su caridad que abraza a todos y a todos hermana en la práctica de su ejemplo”. El ejemplo que nos ha dado el Señor va más allá del lavar los pies, “para comprender todo aquello que tal gesto expresa al servicio del amor tangible por el prójimo”.

Mons. Roche recuerda también que “el lavatorio de los pies non es obligatorio en la Missa in cena Domini. Son los pastores quienes valorarán la conveniencia, según las circunstancias y razones pastorales, de modo que no se convierta en algo casi automático o artificial, privado de significado y reducido a un elemento escénico. Tampoco debe llegar a ser tan importante que catalice toda la atención de la Misa en la cena del Señor, celebrada en el «día santo en que nuestro Señor Jesúcristo fue entregado por nosotros» (Communicantes proprio del Canon Romano); en las indicaciones para la homilía se recuerda la peculiaridad de esta Misa, conmemorativa de la institución de la Eucaristía, del orden sacerdotal y del mandamiento nuevo del amor fraterno, suprema ley para todos y hacia todos en la Iglesia”.

Concluye el secretario de la Congregación para el Culto Divino que “corresponde a los pastores elegir un grupito de personas representativas del entero pueblo de Dios –laicos, ministros ordenados, casados, célibes, religiosos, sanos y enfermos, niños, jóvenes y ancianos– y no de una sola categoría o condición. Corresponde a quien es escogido ofrecer con sencillez la propia disponibilidad. Compete en fin a quien se encarga de las celebraciones litúrgicas preparar y disponer todas las cosas para ayudar a todos y a cada uno a participar fructuosamente en este momento”.

En lexicon canonicum se puede consultar en castellano:

Carta del Papa Francisco sobre el rito del lavatorio de los pies

Decreto de la Congregación para el Culto Divino sobre el lavatorio de los pies en la Misa del Jueves Santo

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